
La ilusión de los planes maestros
La trampa de los planes maestros: suenan bien, pero a menudo fallan. Descubrí por qué y qué podemos hacer para transformar nuestras ciudades como ciudadanos.
Si vivís en alguna de las ciudades más pobladas de Paraguay, seguramente alguna vez sentiste que todo está mal hecho. Que pasás horas en el tráfico, que no hay plazas lo suficientemente seguras o entretenidas cerca de tu casa como para que te den ganas de ir todos los días en vez de pagar todas las veces que querés "hacer algo". Que cada vez que querés comprar algo en tu barrio, o no existe, o tenés pésimas opciones, porque los negocios no tienen suficientes clientes como para testear y mejorar antes de quebrar. Que cada nueva construcción parece pensada por un tarado. Y lo peor: que nada de esto cambia.
Para que podamos entender juntos por qué nuestras ciudades funcionan mal y qué podemos hacer al respecto desde nuestro humilde (no quiero tirar spoiler pero: poderoso) lugar como ciudadanos, en esta oportunidad quiero hablarte de la "ilusión de los planes maestros"
Si pasaste por este video, habrás visto un pantallazo del "plan maestro" que ves en la portada de esta misma página en donde estás. Si te quedaste hasta el final del video, sabés que no considero que esta propuesta sea la solución a nuestros problemas, a pesar de que ese "dibujito" haya salido de mi cabeza y manos. Quiero explicarte por qué.
Antes de continuar, vamos a sacar de nuestro sistema los motivos obvios de nuestros sufrimientos (sabés que es muy importante para no entrar en el loop de hablar de lo mismo y no llegar a nada): tenemos gobiernos corruptos, tienen desinterés por los proyectos urbanos públicos ya existentes, son ignorantes, negligentes... Dejo que continúes la lista en tu mente, te doy un rato y sigo a lo que venía.
"Necesitamos densificar las ciudades", "ciudad verde", "sostenible", "desarrollar la ciudad" "crecer en altura" son las palabras favoritas del greenwashing, mundial y local. Suenan importantes y necesarias, y en un país donde no ha sido la norma enseñarles a sus ciudadanos a hilar causas y efectos, suponen el escenario perfecto para la manipulación, y éstas ideas terminan usándose como excusas para justificar inversiones desproporcionadas que no benefician a la mayoría.
A lo largo de la historia, en todo el mundo, hemos visto un sinfín de ejemplos de planes maestros con buenas intenciones que terminaron en fracaso (Ciudad de Brasilia, barrio Bijlmermeer en Amsterdam). Cualquier plan maestro urbano requiere de inversiones gigantescas y tanta inversión y tantos inversionistas terminan haciendo que el producto final solo sea accesible a las más altas clases sociales. ¿Que pasó con las construcciones en los ejemplos que mencioné? Brasilia terminó formando guettos en sus alrededores y en Bijlmermeer los proyectos casi que no se vendieron, los lugares quedaron vacíos y quienes sí compraron, vivieron en barrios fantasma, cagados en las patas entre los yuyales que iban a ser sus "espacios públicos".
En Paraguay si bien gozamos de un extenso listado de planes maestros, que a diferencia de Brasilia y Bijlmermeer no son propuestas centradas en depender de autos sino al contrario tienen la filosofia de ciudades caminables, tenemos una realidad muy particular donde la nobleza de un plan maestro para toda una ciudad puede usarse como arma de doble filo. Desde no construirse nunca, hasta convertirla en una parodia de lo que el extremo individualismo piensa que son los espacios públicos. Y comer plata en el proceso. Un ejemplo de esto son los tres tomos correspondientes al Plan Maestro para el Centro Histórico de Asunción elaborados por un equipo de expertos en Barcelona, que desde su creación y hasta la fecha no hubo un solo presidente de Paraguay o intendente de Asunción que haya entendido la documentación lo suficiente como para plantear acciones duraderas o que por lo menos haya entendido, con los dibujitos en fotomontaje, que la actividad comercial tiene que activarse dentro de los locales que hoy están abandonados, y no con ferias de fin de semana con toldos en calles o veredas. Ni poniendo puestitos para comprar tickets... para poder comprar en los puestos, entorpeciendo la psicología de la compra. Y hasta de la relación entre el feriante y el cliente.
Historicamente en el mundo tuvimos la era de los grandes planes maestros, la era de los proyectos ecológicos y ahora, la era de la reivindicación ciudadana. Hoy, cada vez más personas en todo el mundo buscan recuperar el poder sobre sus ciudades, desde organizaciones civiles que revitalizan parques hasta comisiones vecinales que transforman plazas abandonadas. A diferencia de los planes maestros que terminan vacíos o mal interpretados, aunque éstas iniciativas barriales pequeñas en nuestro país no atacan la raíz del problema y los efectos positivos de sus buenas acciones duran poco, son la señal histórica de que estamos listos para cambiar nuestras formas mentales para que la realidad física cambie.
Queremos plazas, parques, queremos estar cerca de todo, no perder horas en el tráfico y vivir en paz. Pero antes de construir cualquier cosa, debemos entender por qué nuestras ciudades funcionan mal. Cuestionarnos por qué se mueren las plazas, por qué fracasan los comercios, qué es la narcoarquitectura y cómo nos afecta. Recien ahi, preguntarnos ¿Qué podemos hacer mientras el gobierno no se hace cargo de sus fallas y ausencias? ¿Qué podemos hacer mientras reclamamos nuestros derechos como ciudadanos? ¿Qué podemos hacer dada nuestra particular realidad?
Esa es la pregunta que me hice al desarrollar la metodología de las Casas Colectivas Mixtas. Si te interesa conocer cómo una comunidad puede empezar a redireccionar el destino de un barrio y una ciudad hacia una experiencia más sana, entretenida y caminable, sin caer en los errores de siempre, podés informarte más haciendo click acá abajo.